viernes, 24 de junio de 2022

DESPALABRAR PARA DECIR


→TADEUSZ KANTOR, DE POLONIA A BUENOS AIRES
Autora/ Natividad Martone
1a. edición adaptada
Corrección/ Armado/ Impresión/ TINTA ROJA
Diseño de tapa/ Damián Martone
Investigación Cultural/ Teatro/ Teatro de Títeres
Apoyo/ PROTEATRO
Ciudad Autónoma de Buenos Aires/ Año 2022
122 p.
→Ejemplares disponibles en la Colección Proteatro 
Biblioteca Parque de la Estación (Juan Domingo Perón 3326)
Contacto/ natividadmartone@hotmail.com

Por Patricia Lanatta
      
Con el prólogo inestimable del investigador y crítico teatral Carlos Fos, la labor de la autora ahonda las huellas que dejó el director polaco en la escena nacional, a partir de sus visitas al Teatro General San Martín de Buenos Aires, entre los años 80 y 90. Profundiza el concepto de teatro autónomo, que no representa textos, sino que trabaja con éstos y los autores a partir de partituras de acciones, improvisaciones, repeticiones, escenas sin sentido aparente. Ausculta el impacto descomunal de lo novedoso en los teatristas. Analiza el universo del objeto en todas sus categorías, que deja de ser utilitario para adquirir protagonismo, precisamente por el rol que representa en la escena. Nos presenta a este genio y revisa su historia. 
Natividad Martone nos habla de su formación como pintor y escenógrafo en la Escuela de Bellas Artes de Cracovia, donde recibe la influencia del constructivismo ruso y alemán, del dadaísmo y surrealismo. Repasa los autores que lo nutrieron: Kafka, Duchamp, sus compatriotas Wyspiansky, Schulz y Witkiewicz, este último el elegido en el período final, desde La clase muerta hasta Hoy es mi cumpleaños. Rememora su teatro experimental en Cracovia, en 1942, durante la ocupación alemana, donde monta obras pero también, donde pinta el horror y redacta escritos. 
"Cuando comencé a hacer teatro, por allá, durante la guerra, entonces descubrí todas las nociones y definiciones que he utilizado después" (Kantor, El Teatro de la Muerte). El autor nace en Wielopole en 1915, durante la primera guerra mundial; la segunda atravesará buena parte de su juventud y deberá vivir, además, la desolación del después. Su teatro de la muerte, en consecuencia, adquiere una dimensión brutal, con personajes que provienen de otra vida, con gesto y palabra inconexas. Y el director está ahí, en la frontera del espacio escénico, marcando un compás y a la vez, siendo parte de esa realidad color sepia. 
Martone señala la creación en 1955, del grupo Cricot 2, que dirige hasta el fin de sus días (1990), un teatro ligado a la barraca de feria, que deja al descubierto procedimientos actorales muy alejados del discurso escénico del siglo XX; teatralidad autónoma donde participan actores, poetas, artistas plásticos, bailarinas, escritores y otras personalidades, algunas sin formación artística, aún así convocadas por el director, como los gemelos Janicki, que condimentan la obra de modo singular, con su característica de dobles. Examina sus personajes y objetos, extraídos del pasado, de la memoria: maniquíes, bio-objetos, máquinas crueles y actores, todos cohabitando el espacio. Subraya: "la escena se hace extraña para el espectador, gobernada por unas leyes que escapan a su entendimiento y que impulsan la maquinaria de manera precisa y fatal" (pág. 17).


Por añadidura, el texto contiene entrevistas pautadas a referentes "imprescindibles", en el decir del maestro Fos, que permiten al lector/a comprender la relación de uno de los grandes maestros del teatro del mundo con Argentina, en los albores de la democracia. Todo un matiz en el contexto histórico. Ampliando el campo de la experiencia, la investigadora genera un documental que propicia un archivo oral, donde resuena todavía más el contacto primero con el artista polaco y anécdotas valiosas. Ana Alvarado, Ricardo Bartis, Carlos Fos, Norberto Laino, Carlos Pacheco, Adriana Pizzino, Julia Elena Sagaseta y Javier Swedsky son los entrevistados. Ocho representantes de la teatralidad local, fuertemente conmovidos por su obra, que influenciará sus búsquedas estéticas y visiones artísticas. Por tanto, el paso de Tadeusz Kantor marcará el rumbo de estos teatristas emergentes, que ya estaban en la pesquisa de una escena otra, distinta, en una época donde el realismo gozaba del esplendor teatral.  
Para referenciar su legado, Martone ingresa en el análisis de los primeros espectáculos del grupo emblemático Periférico de Objetos y otros del director Ricardo Bartís, por asumirlos significativos, de mayor cercanía con el cruce entre el teatro de títeres, actores y el universo objetual. Más tarde, analizadas las marcas, bucea en la poética propia de cada autor.
"Tomo conciencia de que debo hacer algo con el objeto para que empiece a existir, algo que no tenga relación con su función vital, siento que es necesario un ritual, que sea absurdo desde el punto de vista de la vida y que pueda atraer al objeto hacia la esfera del arte". Este pensamiento a su tiempo, gigante y revolucionario, se convirtió en una teatralidad absolutamente viva en los escenarios del mundo. Y perdura. La fascinación por el objeto en movimiento, su liberación y humanización ocupan generosas páginas de un texto que visibiliza la estampa de la poética kantoriana en la producción dramática y posdramática local. El gran aporte es que facilita enormemente su comprensión. ⧫

Natividad Martone
Es actriz nacional (ENAD) y Licenciada en Actuación (IUNA), titiritera, directora, investigadora, documentalista y gestora cultural. En 2004, forma el grupo Absenta Teatro, con producciones para las infancias y público adulto. 
Este trabajo se origina a partir de su tesis de Licenciatura "El legado de Tadeusz Kantor en el teatro porteño de los '90", y un posterior viaje a Cracovia, donde  profundiza la investigación. El proyecto fue realizado a través de las Becas de investigación otorgadas por el Fondo Nacional de las Artes y el Instituto Nacional del Teatro, que posibilitaron la realización del documental.