martes, 14 de febrero de 2023

DESECHOS DE ASUNTA: AGUJA E HILO PARA EL DESEO

→DESECHOS DE ASUNTA
Autora/ Julieta Desmarás
Colección Pez Náufrago
Ediciones del Dock/ 1a. Edición/ 56 p.
Buenos Aires/ Año 2022

Por Patricia Lanatta

El autor del prólogo y director de la Colección Pez Náufrago, Jorge Aulicino,  advierte sobre lo fantasmagórico del texto. La autora dialoga con un espectro al que le señala su ligereza al revelarse:
Alucinación
¿Por qué venir a ocupar la hora en que no existís?
(Hasta la ínfima flor es prudente con sus giros de luz.)

Enmarca así el poema de diálogo y sobreviene para el lector el pasado, el desecho de la memoria, para evocar un personaje, por alguna razón bien guardado. Pero ¿cómo es ese rescate? Es a partir de retazos. No es casual entonces, que el poemario sea introducido por una frase del escritor y guionista francés Pascal Quignard: En la vida también / los rostros amados se gastan / como los codos de los suéteres.
Asunta es “evanescente”, subraya Aulicino. Su imagen proviene del recuerdo pero a su vez, se recuesta y fortalece sobre un lenguaje concluyente. Precisamente, para amarrarlo a alguna realidad pretérita. 
Asunta, de Galicia, existió. Fue parte de la biografía de la autora, de su niñez, cuando visitaba la casa de las tías de su padre. De oficio costurera, vistió a “Evita” con abnegación, para la eternidad. 
Pero de vuelta, ¿cómo se reconstruye la figura de un ser querido cuando su rostro ya no aparece nítido, ni su voz resuena con claridad en las memorias? En tal caso, ¿cuáles son las soluciones a las que apela Desmarás para transmitir al lector esa tierra que sólo ella acaricia?:
Entredós
A mis ocho,
Asunta lleva pelo de nube.
La veo asomarse al pasillo,
mis ojos se ensanchan.
Quiero ir al médico de su dolor,
no la molestes, dice mi padre,
se ha puesto sola.
                                   
Asunta al oído
Vieja costumbre que un hombre llame
mi mujer a una mujer.
Una mujer es un canto.
¿Quién puede atrapar un canto?

Ciertamente, la poeta perseguirá gusanos de luz para que harta de palabras, enciendan palabras otras. Presionará su ausencia, apagará sus miedos. Hablará en voz baja para no espantar la remembranza, dibujará su cara. Rememorará el perfume que la nombra:
Alumbramiento
Verte llegar
cuando tu rostro
ya se ha ido.
Algo así 
tal vez sea
la escritura y su conjuro.

Todavía más, se preguntará adónde va lo que se olvida, para concluir que el tiempo tritura todo:
Entrepuente
Mientras el mar trabaja,
los vestidos viajan parados.
Cuelgan su baile por el mareo
de las miradas que salen a proa
queriendo un pedazo de sus tejidos.
Ella desconfía de las olas,
los cuida de pie al océano.
Hay que hacer guardia.
Donde no hay hombre ni mujer,
perdura la fábula.

Podemos convenir en que hay hechizo en las páginas del poemario. La autora cose fragmentos de su vida y los borda, en el deseo de capturar el territorio de su infancia. Después de todo, como señala Desmarás:
Nada, tesoro
Las olas de la infancia
no se responden.
Perpetúan con fuerza,
arrastran siempre
la misma pregunta.
¿Adiós es una orilla?
Mientras,
nada.
Existe.

En el epílogo del texto, una entrevista permite descubrir facetas muy ricas de la autora y el entramado de la escritura. El lector termina de completar el caro fantasma. Justamente ahí, donde el lenguaje se agota en su significación, la poeta intenta retener el recuerdo con la ficción de la poesía. La palabra vibra... 
Desde la costura de Asunta, Julieta Desmarás se afirma: 
Al fin
Esa, que ya no eres, escribe.


Julieta Desmarás
Nacida en 1982, en Buenos Aires, con niñez transcurrida en la Patagonia. Mágister en Escritura Creativa (Universidad Nacional de Tres de Febrero), formada en teatro y dramaturgia con Mauricio Kartun y Ricardo Bartís, entre otros. Basta hojear la solapa del libro-poema para acceder a su expertise sobre antologías de poesía y relato en Argentina y el exterior; premios nacionales e internacionales que acreditan su obra, con publicación en Argentina, Chile, Brasil, España, Francia, India, Grecia y Estados Unidos. 
Los textos de poesía El río y su cajón (2013), La voz mayor (2018), el monólogo El valle de las lágrimas (2020) y la reciente obra La Canoera (mención honorífica, 2021, FNA) integran su pluma singular. ⧫

sábado, 15 de octubre de 2022

MISTERIOS INSONDABLES DEL ALMA

Marcos Montes compone El hombre de acero

El actor ingresa al espacio escénico, lo hace desde la platea. Mientras termina de vestir su personaje -zapatillas náuticas azules, remera de marca, al tono, pantalón beige y cinturón coqueto- muy setentista, a lo sumo de comienzos de los '80, empieza a hablarnos. De manera cordial, precisa ciertos encuadres de la producción, da avisos a la platea sobre el uso del celular -no sin humor- y, de a poco, se sumerge en la convención teatral para encarnar su personaje. La luz nos sugiere ese pasaje. De pronto, lo encontramos en el centro de la escena: la cocina, más precisamente la isla de una casa cómoda, de buen pasar económico, podemos suponer. Sobre la isla, algunos mínimos utensilios. A su derecha, hay una habitación imaginaria donde está su hijo preadolescente, encerrado en el baño desde hace horas, angustiantes. A su izquierda, el cuarto matrimonial, donde descansa (o lo intenta) Irene, su esposa. Atrás, hacia el fondo, el jardín. En algún momento, la iluminación -recurso poderoso de la puesta- dejará ver el mecer de algunas flores en una danza con el viento. No siempre el protagonista las verá.
El hombre de acero, construido por Juan Francisco Dasso, exhibe la armadura del lenguaje: se presenta con él, nos seduce, repasa su vida y se recubre con él. ¿Qué enmascara? Un dolor lacerante, inefable; la ira por no poder resolver el drama familiar que lo aqueja desde el nacimiento de Neo. Al principio, no sabemos mucho de su enfermedad, excepto por las descripciones descarnadas del padre, que nos despabilan la verdad escénica del hijo autista.
Entre tanto, el monólogo cabalga sin pausa y el escenario del espacio Callejón, a nivel de la platea, nos acerca mucho más, la tragedia que el protagonista nos invita a compartir. La zona del espectador no es confortable, sin embargo, texto y personaje ya nos anclaron a la butaca y en silencio de múltiples matices, dialogamos con él. Sabemos la edad de Neo: trece años, de sus dibujos, del instituto especializado donde recibe educación y cuidados, sabemos también de un amigo y el 'incidente' -en palabras del padre- entre Neo y Dionel. Este último está en la platea, en un asiento vacío, es puro receptor bloqueado -dirá el protagonista-, y tiene el deber de escucharlo. Afectado por el mismo trastorno, produjo un acontecimiento maravilloso: logró que Neo pudiera "nombrarlo" y más, consiguió esa ¡esperada! conexión con la mirada, que sus padres jamás pudieron conquistar. Ante esto, el hombre de acero se derrumba frente a nuestra mirada, lentamente. El deseo está en las puertas de los adolescentes y la sexualidad los apremia de un modo distinto y brutal. Neo necesita a Dionel. Es tiempo de aceptaciones, de asir la realidad de una vez y para siempre, de beberla de un trago amargo, y nuestro personaje -imposible no abrazarlo a estas alturas- lo sabe.

Juan Francisco Dasso, autor y director del unipersonal

El texto del autor es cruel, como la trama que describe, con la palabra justa, sin eufemismos. El joven y talentoso dramaturgo, ganador por esta obra en 2019, del XII Premio Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia, es un narrador inteligente. Conocedor además, de la temática que nos presenta, porque acercó su expertise teatral a instituciones especializadas en el síndrome de Asperger. Por tanto, ese mundo que nos convida, ferozmente doliente y paralelo al mundo, nos sacude (aunque quedemos inmóviles). Constituye una acertada versión del teatro independiente, sencillamente porque se atreve a teatralizarlo y en ese puente, nos humaniza.
Claramente, la invisibilidad del hijo, el amigo y la madre son recursos valiosos del unipersonal. Le quitan espesor a la pátina dramática que atraviesan personaje y público. Es por cierto, una herramienta que nos permite construir a los personajes en la intimidad de la imaginación. La escenografía dice desde lo mínimo. En el fondo de la cocina, hay signos de alguna fiesta pretérita. Relatan por su sola presencia. 
Cada tanto, el protagonista ofrece una delicia a su 'interlocutor bloqueado': cereales de colores, mezclados con leche en un bowl impecable. Es un menú de su época, del tiempo donde decidió instalarse: su propia adolescencia. Desde ahí se recuerda: los bailes primeros, los pasos de aquella música que estalla en su cabeza (suena la canción); el aroma de su sexualidad temprana.
Sin duda alguna, Marcos Montes -nominado recientemente a los premios ACE 2022- por su enorme composición, es un actor que atrapa al espectador desde que pisa la escena, lo cautiva con todos los claroscuros del personaje. Su trayectoria nacional e internacional, sumadas a una amplia y singular formación, lo habilitan de manera superlativa a la creación de este papá acorazado que le toca jugar. Sólidamente, encarna bajo la dirección potente del director, los misterios insondables del alma. ⧫

👏 HUMANA
      Por Patricia Lanatta

/ ÚLTIMAS 3 FUNCIONES /
➤DOMINGOS 16, 23 y 30 de OCTUBRE
➤A LAS 18:30 H.
📌ESPACIO CALLEJÓN
Humahuaca 3759 (CABA)

EL HOMBRE DE ACERO
Actuación/ Marcos Montes
Diseño de vestuario y escenografía/ Cecilia Zuvialde
Diseño de iluminación/ Ricardo Sica
Fotografía/ Christian Inglize - Laura Mastroscello
Diseño gráfico/ Luisina Jacinto
Dramaturgia y dirección/ Juan Francisco Dasso
Asistencia de dirección/ Ana Schimelman
Producción ejecutiva/ Zoilo Garcés
Prensa/ Carolina Alfonso