sábado, 5 de agosto de 2023

ORGULLOSAMENTE, BENITO QUINQUELA MARTÍN


Desde el principio, ingresamos al universo del pintor. El sonido de las aguas del Riachuelo y su movimiento en la pantalla, comienzan a invitar a los sentidos. Un poco antes, en el hall del teatro, el piano, coloreado de verde y rosa, con un paisaje delicado y su firma, testimonia la huella. Se nos convoca a compartir la historia de Benito Quinquela Martín y el relato se torna conmovedor, justamente por la forma en que se desenvuelve.
Aparece Juan de Dios Filiberto (Rodrigo Pedreira), personaje pretérito y amigo del artista, que imaginariamente, dirige la orquesta en escena. Se vincula con otro personaje (Belén Pasqualini), que nos guía por la vida del artista, pero desde el presente. El enlace de ambos, en diferentes líneas temporales y con sólidas interpretaciones, imprime curiosidad a la platea.
El músico nos avisa que sólo él puede entrar y salir del mundo ficcional que va a retratar, y es éste un modo inteligente de narrar el teatro dentro del teatro. La jerarquía de Filiberto, que viene de otro mundo, lo faculta a romper la cuarta pared, con impavidez y seducción. Sin embargo, necesita para su racconto de la participación de otros intérpretes, que se incorporan desde la actuación, el canto y el baile, con ritmo sostenido y espectacularidad. Pronto, ante nosotros, se despliega la pintura social de la época, de finales del 1800: la monja, el carbonero, el obrero socialista, el portuario, la prostituta, el bombero voluntario, el inmigrante, la vecina suspirante por un amor ausente, en una composición que paradójicamente, produce humor. En este contexto, la multimedia es un recurso poderoso para pincelar imágenes, que resplandecen y se esfuman en la pintura de Benito de La Boca. 

Benito pinta su aldea

El niño nace y es abandonado en la Casa Cuna de Barracas, junto a una nota con su nombre, Benito Juan Martín, y un pañuelo partido, con una flor bordada, que sugiere el anhelo de un futuro reencuentro. La fina textura azul podría indicar que su clase social no conoce la pobreza; sin embargo, el pequeño permanece en la Casa de niños expósitos durante más de siete años, hasta que el matrimonio Chinchella lo adopta, abriga y educa. 
Los devenidos padres, Manuel, un inmigrante genovés, y Justina, una entrerriana con raíces indígenas, sólo reconocen la rutina del trabajo diario en la carbonería. La circunstancia económica no los habilita a reparar el tesoro que el niño posee. Benito dibuja con los restos de carbonilla, más tarde, se convierte en estibador, pero cuando va por más desde su don, la rigidez del padre lo empuja nuevamente, a la orfandad. Este giro en su historia, tan duro como su desembarco primero, lo potencia.
Un encuentro azaroso con Pío Collivadino, su ingreso al Conservatorio Pezzini-Stiatessi, donde conoce a Filiberto, y luego la influencia de un maestro, Alfredo Lazzari, moldean al joven, que se convierte en un artista genuinamente popular. Motivado por textos del escultor Auguste Rodin, comprende la importancia de mirar "el propio ambiente". Entonces, pinta su aldea, la poesía de la faena y la explota de color. Retrata la gente común, quiere que sienta que su tarea es visibilizada, que importa...
Cada tanto, se entrega a la fascinación de un mascarón de proa, que escénicamente es objeto y bailarina. Y cuando el deseo es más fuerte que cualquier mandato, simplemente suelta amarras, en una bellísima metáfora visual.

La fascinación por un mascarón de proa

Las luminarias abandonan brevemente, el escenario; se desparraman sobre la Sala y hacia los laterales, donde lucen los murales de Quinquela que, inundados por la mirada de Eli Sirlin, se suman a la puesta en una operación poética. La escenografía viste los parajes recurrentes del protagonista, con dispositivos que se desplazan hacia lo ancho y alto de la escena. La reproducción del puente transbordador encuadra el lienzo viviente, donde esta historia de vida singular se pincela, con gran dinamismo. Desde la estructura imponente, los narradores se asoman de a ratos, para mirarla, al igual que nosotros.
Benito reproduce la esencia de su lugar en el mundo y esto lo distingue, aunque la elite de la crítica culta, porteña, aún no sepa leer las capas gruesas de sus óleos, el vigor de la espátula, la conciencia de su origen. El teatro musical -como los barcos de Quinquela sobre las turbias aguas- los reflejan de manera estupenda: en el "paquete" salón del Jockey Club, durante una exposición de sus cuadros, un animador -interpretado con alta gracia- anuncia la presencia de una artista con igual sintonía, pero en las letras: Alfonsina Storni. Por sobre toda una clase todavía ciega e ignorante, ellos se elevan.
La participación del elenco -muy bien elegido en audiciones abiertas- es espléndida, con coreografías diseñadas y ensambladas rigurosamente, voces afinadas y actuaciones que atraviesan la platea, bajo la aguda dirección actoral de Juan Francisco Dasso, desentrañando cada perfil. 
La música -labor destacada de Gustavo Mozzi- se introduce en los lenguajes de La Boca, donde arriba el inmigrante, por tanto, se pasea por una paleta de géneros musicales que imponen un tono festivo a la puesta, en la lucida interpretación de la orquesta. La murga, con un títere de gran tamaño, afirma la comunidad con sus reclamos, y un joven Alfredo Palacios se hace eco de las urgencias.
El vestuario luce impecable, con cambios que se suceden veloz y prolijamente, a lo largo de un espectáculo de aproximadamente 95 minutos.

El espléndido elenco del musical

Y mientras Benito de La Boca pinta su aldea, más universal se vuelve. La porta sobre sus hombros con orgullo, como antes, las bolsas de carbón. Esta preciosa idea de Lizzie Waisse -reconocida docente del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y a la vez, directora del musical- cruza la versión en modo rotundo y se amarra en la ribera en un momento más que oportuno, recuperando la memoria de un tejido social y la de un hombre con valores a seguir.
En sus diez años en el extranjero, el mundo gira su cabeza para mirar a Benito, las celebridades lo rodean, pugnan por rozarlo... A la manera de la comedia del arte, las máscaras cubren los rostros de quienes lo consagran: la Infanta Isabel, Benito Mussolini, Marcelo Torcuato de Alvear, Juan Domingo Perón. Pero a este humilde trabajador no lo marea la fama, ni siquiera su paso por Nueva York. En la puesta -un cuadro muy bien construido-, el glamour se cuela a través de los vestidos y pelucas de mujeres atractivas, de su bata de seda. Desde lejos, una simple llamada telefónica a su madre, basta para poner en marcha su generosidad; el dinero ganado con su talento se transforma en un conjunto cultural: jardín maternal, escuela primaria, hospital odontológico infantil, museo, teatro. El reconocimiento lo regresa más altruista.
El trabajo de Roberto Peloni en el rol protagónico, es para ponderar; compone un Benito tenaz y, al mismo tiempo, contenido. Claramente, la emoción la vuelca sobre la tela. Como contrapartida, un grado de emocionalidad in crescendo conquista la Sala. El espectador se levanta conmovido, de las coloridas butacas, no sin antes expresar una profunda gratitud, desde el aplauso extendido y algunas lágrimas.  
En el teatro que soñó y que lo habita, una versión homenajea con respeto, a un argentino que a su arte le agregó grandeza. ⧫

👏 COMPROMETIDA
      Por Patricia Lanatta 

➤Funciones/ 
Miércoles, jueves y viernes, 14:30 h. 
Sábados y domingos, 16 h. 
➤Teatro de la Ribera
Av. Pedro de Mendoza 1821, La Boca
➤Entradas👇

➥ Benito de La Boca
 Dramaturgia y dirección actoral/
 Juan Francisco Dasso

 Intérpretes/
 Roberto Peloni, Rodrigo Pedreira, 
 Belén Pasqualini, Alejandra Perlusky, 
 Julián Pucheta, Sol Bardi,
 Francisco Cruzans, Jimena Gómez,
 Nicolás Repetto, Evelyn Basile, 
 Tatiana Luna, Mariano Magnífico,
 Federico Strilinsky, Nicolás Tadioli, 
 Florencia Viterbo, Fiona Mastronicola,
 Matías Prieto Peccia

 Música original y dirección musical/
 Gustavo Mozzi

 Músicos en vivo/
 Violoncello/
 Cristina Chiappero
 Bandoneón/
 Eleonora Ferreyra
 Síntesis electrónica/
 ARO
 Percusión
 Agustín Lumerman
 Clarinete y saxo alto
 Manuel Rodríguez
 Bajo
 Máximo Rodríguez
 Piano
 Santiago Torricelli

 Diseño sonoro/
 Sebastián Verea

 Coreografía/
 Gustavo Wons

 Iluminación/
 Eli Sirlin

 Escenografía y vestuario/
 Marlene Lievendag, Micaela Sleigh

 Dirección de arte/
 Marlene Lievendag

 Fotografía
 Carlos Furman

 Idea original y dirección general/
 Lizzie Waisse

 Edad sugerida/
 Desde 10 años

miércoles, 26 de julio de 2023

UN AMOR DE HOJALATA Y PAPEL


Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés, famosísimo por sus relatos para las infancias, escribe esta historia que se publica en 1838. La Compañía Omar Álvarez Títeres la recrea en el año 2000, y nada menos que el gran actor argentino Alfredo Alcón le pone su voz al relato. Veintitrés años más tarde, en el Centro Cultural Espacios, en la sala principal, refugio de tantas historias de marionetas, Omar Álvarez sube al escenario para contarla con sus manos extraordinarias, en el 26° Festival de vacaciones de invierno. 
Una platea acostumbrada a la prisa, a los juegos y sonidos irrefrenables de los celulares, se detiene para escuchar y vivir este cuento ancestral. Hace la pausa necesaria -puede transitarla- y se conmueve altamente con la aventura de este soldadito, que ha deleitado a tantas generaciones.  
Sobre un costado del escenario, un muñeco nos dice del paso del tiempo; vestido a la manera del siglo XIX, escribe con su pluma sin cesar, durante todo el espectáculo, mientras Alcón relata en off, con todas las tonalidades del misterio, el asombro y la poesía, la peripecia de El soldadito de plomo. 
Sobre el retablo, el titiritero trae la caja con los guerreros de hojalata, para que el niño de la casa estrene juego nuevo. Sin embargo, uno de los futuros combatientes está incompleto. A su constructor no le alcanzó el material y lo diseñó con una sola pierna, aunque es tan fuerte como el resto. Está pintado con los mismos colores y con el rifle sobre su hombro, luce listo para toda hazaña. 
Son títeres de manipulación directa. El marionetista los mueve con delicadeza y el niño, feliz, puede sumar veinticinco valientes a su ejército de muñecos. 


Cae la noche y cuando la familia descansa, los juguetes aprovechan para jugar. Álvarez, a la vista del público, los anima e instala progresivamente, la fantasía que propone el texto. El soldadito está atónito. Sobre el puente levadizo de un castillo de cartón, ha visto a una bailarina. Ciertamente, la voz del narrador, la música -con sutiles notas de percusión- y el alma que les sopla el titiritero los despierta a la vida. Aún así, ellos permanecen quietos, sólo se miran y el espectador sospecha que ha nacido entre ellos un profundo  sentimiento. 
Como en toda narración, se desata el conflicto. De un cofre colorido, salta sorpresivamente, un muñeco de resorte, que amenaza al hombrecito sobre algún desafortunado suceso. 
La mañana siguiente encuentra al niño dispuesto para la gran batalla, con su soldado preferido. Le asigna la ventana, para que vigile su fortaleza. Por alguna razón, lo cree muy valeroso y no se equivoca. 
Un vendaval, que preludia la tormenta, lo arroja a la calle y cae de cabeza, quedando inmóvil, durante horas. Nadie lo descubre, pero la bailarina de papel, casi en posición de danza, parece esperarlo, con una lentejuela fulgurante en la cinta de su vestido. 
El soldadito atraviesa peligrosos episodios: la travesura de dos niños lo ubica en un barco, que navega vertiginosamente por la cuneta, en las manos del Álvarez, naturalmente. Más tarde, lo vemos más diminuto, sostenido por una varilla, lejos de su embarcación, luchando por sobrevivir. Una rata, enorme, le pide pasaporte y finalmente, desciende a lo más hondo de la alcantarilla. 
La platea mantiene suma atención al relato y le ofrece su silencio. Ha hecho lazo con él, se ha identificado, como lo hace en su hogar, cuando se vuelve íntimo y puede dialogar con su héroe favorito.


El soldadito sólo piensa en su bailarina "azul", su recuerdo lo completa y quiere ser fuerte para ella. Sigue en pie en su derrotero incierto y un pez lo traga, literalmente. En este punto, el teatro de sombras agrega el atractivo justo,cuando lo vemos en el interior, frágil y sacudiéndose de un lado a otro. Afortunadamente, el azar los devuelve a la superficie; viajan al mercado y de regreso a la casa, el ama de llaves -una hermosa muñeca de época- lo rescata en la cocina.  
Cuando todo parece volver a la normailidad y la bailarina extiende mucho más sus brazos, súbitamente, el niño lanza el soldadito a la chimenea. Acaso por enojo frente a la ausencia o por hechizo de aquel duende. Es territorio de un enigma. De nuevo, la técnica de sombras, con luces bien articuladas, y la expertise del titiritero, lo intiman sin chance de escapar. Sin embargo, continúa firme, aceptando su destino. 
Esta vez, el viento será benevolente y aquella dama, que sigue todo episodio desde lo alto de su fina morada, es empujada hacia las llamas. La resolución escénica nos envuelve a todos.
El telón vuelve a abrirse para descubrir al intérprete solista. La platea, como en otros tiempos, ha quedado cautivada por la emoción, con igual intensidad. 
El soldadito de plomo, distinguido con innumerables galardones, cruzó largamente la frontera, narrado con puntos y comas, como en la versión original, fiel a la estética de la Compañía, sin pretender endulcorarlo y a sabiendas que los niños siempre celebran la verdad bien contada. ⧫

➤Funciones/
en el marco del 26° Festival
 Vacaciones en Espacios
➤Centro Cultural Espacios
Intendente Witcomb 2623, Villa Ballester

👏 INOLVIDABLE
      Por Patricia Lanatta

➥El soldadito de plomo
    Compañía Omar Álvarez Títeres
    Intérprete solista/
    Omar Álvarez
    Narración y voz en off/
    Alfredo Alcón
    Realización de títeres/
    Claudio Álvarez, Omar Álvarez, Rafael Curci, Gladys Garnica
    Diseño de Escenografía/ Utilería/
    Claudio Álvarez
    Fotografía/
    Andrea Biscione
    Música original/ 
    Gustavo 'Popi' Spatocco
    Operación de luces/
    Silvia Biscione, Guillermo Otálora
    Dirección/
    Rafael Curci

    Edad sugerida/
    Desde 6 años

 Premios
    Certamen Metropolitano de Teatro, Buenos Aires, 2000
    Mejor espectáculo infantil

    Fiesta Regional de Teatro - Capital, Provincia de Buenos Aires
    Obra ganadora

    40° Feria Nacional de Espectáculos para   
    Niños, Necochea, 2001
    Mejor Espectáculo
    Mejor Resolución Escénica
    Mención Especial del jurado 
    para Alfredo Alcón
    Nomimaciones:
    Mejor Titiritero
    Mejor Director

    Premio Teatro del Mundo, Universidad
    de Buenos Aires, 2001
    Nominado Mejor Espectáculo Infantil

    Premio ACE, 2001
    Nominado Mejor Espectáculo Infantil

    Premio Clarín, 2001
    Mejor Espectáculo del Circuito oficial

    2° Festival de Teatro para Niños, China 2012
    Excellent play in performance

    Premio Nacional Javier Villafañe, 2014
    Mención Especial del jurado en
    reconocimiento a la trayectoria y excelencia
    
    Beijing Tian Yu Lv Dong Cultural Media
    Co. Beijing, 2017
    Primer Premio del Jurado 
    al Mejor Espectáculo
    
Obra versionada en los siguientes idiomas/
    Inglés, francés, alemán, chino, ruso, taiwanés,      
    checo, polaco, finés, portugués, gallego,
    castellano