La Compañía Babel Teatro, conocida por sus trabajos en la titiritesca -muchos de estos vinculados al universo Mozartiano, como La Flauta Mágica, Bastián y Bastiana- homenajea esta vez al compositor en el 190º aniversario de su muerte, con un obra para los más pequeños.
Adentrarse
en las páginas de una vida tan apasionada como tormentosa no es tarea
sencilla, pero el Grupo apela al formato de un teatro intimista, con títeres en
miniatura que invitan a conocerlo. La casa de la niñez ubicada en Bonn, es el
retablo para nuestro personaje, que aparece recorriendo las dos plantas de la
vivienda, desde sus primeros pasos. El diseño y realización de las figuras, la
escenografía y el vestuario son de cuento y portan el nombre de Pasha
Kyslychko. Ludwig corre, entra y sale de su recámara, se trepa sobre los techos
y vuelve a su cuna, donde lo mece su madre. Frente a la apariencia rígida del
muñeco, su titiritera Gabriela Marges –a su vez, autora y directora de este
material– le insufla constante movimiento, haciendo de su criatura un personaje
inquieto y seductor.
Una vuelta de rosca interesante en la puesta es la interacción de la actriz Marcela De Grande, que presenta la historia y, al mismo tiempo, juega algunos roles, como el de la maestra del niño en cuestiones del clavecín. Hay presión familiar sobre el peque para que alcance la categoría (al igual que Wolfgang Amadeus) de prodigio musical, y aunque se resiste a aprender, las teclas tomarán muchas horas de su día. Acabará amándolas.
El diálogo entre la actriz y el títere es ameno y pleno del absurdo, y los chicos se divierten. Paralelamente, hay un articulación de objetos por fuera del retablo que ayudan a entrelazar el relato: un diminuto pianoforte –tocado por la actriz– para estimular la clase de un Beethoven interpretando su propio instrumento; una suerte de vuvuzela que llama al joven y advierte a la platea sobre la creciente sordera que lo aqueja; una taza de porcelana para un té compartido. Con acento mitad alemán, mitad francés, ella irá hilvanando momentos y etapas de la biografía del compositor. Mechará bromas sobre sus romances y el mal carácter que lo caracterizaba, en un tono despojado de todo dramatismo.
Una vuelta de rosca interesante en la puesta es la interacción de la actriz Marcela De Grande, que presenta la historia y, al mismo tiempo, juega algunos roles, como el de la maestra del niño en cuestiones del clavecín. Hay presión familiar sobre el peque para que alcance la categoría (al igual que Wolfgang Amadeus) de prodigio musical, y aunque se resiste a aprender, las teclas tomarán muchas horas de su día. Acabará amándolas.
El diálogo entre la actriz y el títere es ameno y pleno del absurdo, y los chicos se divierten. Paralelamente, hay un articulación de objetos por fuera del retablo que ayudan a entrelazar el relato: un diminuto pianoforte –tocado por la actriz– para estimular la clase de un Beethoven interpretando su propio instrumento; una suerte de vuvuzela que llama al joven y advierte a la platea sobre la creciente sordera que lo aqueja; una taza de porcelana para un té compartido. Con acento mitad alemán, mitad francés, ella irá hilvanando momentos y etapas de la biografía del compositor. Mechará bromas sobre sus romances y el mal carácter que lo caracterizaba, en un tono despojado de todo dramatismo.
Mientras
tanto, en la casa-retablo acontece la manipulación, precisa y ágil, de Marges
sobre todas las figuras, y una iluminación fantástica en la recreación de la
noche, la nieve en el largo invierno y la explosión de la primavera, con el
aporte de un eficaz video mapping (Esteban
Fernández).
En este
material, Babel Teatro se sumerge en una técnica del siglo XVI, aunque su
origen es aún anterior: vertep. El títere es movido desde abajo y se desplaza
sobre rieles ocultos en el piso del retablo. No vemos a su manipuladora, sólo
se advierten unas minúsculas varillas que lo sostienen. Claramente, un recurso
más que propicio para generar una personalidad enérgica y, a la vez, misteriosa. La
proyección de ciertas sombras aporta en la proliferación de personajes músicos,
los de su Orquesta. Inicialmente, Ludwig compone una música fresca, pero cuando
lo atrapa la enfermedad se vuelve épica y envolvente, tanto que se expande e
inunda la platea a todo volumen... La selección musical es vital en el relato y
se apoya sobre sonatas y sinfonías. De su sordera, la puesta sólo deja ver el
deseo de Ludovicus de estar solo y en silencio, para que estallen todos los
sonidos que viven con fuerza en el cuerpo del músico.
Hay momentos de mucha poesía, como cuando la titiritera deja ver sus manos desnudas con fondo musical de piano, en una clara figura retórica (sinécdoque) para transmitir el genio del autor. O cuando los amigos de la niñez se acercan a la casa a jugar y simplemente, se hamacan. El público puede espiarlos desde las minúsculas ventanas en una imagen muy lograda.
Hay momentos de mucha poesía, como cuando la titiritera deja ver sus manos desnudas con fondo musical de piano, en una clara figura retórica (sinécdoque) para transmitir el genio del autor. O cuando los amigos de la niñez se acercan a la casa a jugar y simplemente, se hamacan. El público puede espiarlos desde las minúsculas ventanas en una imagen muy lograda.
El final evoca la
grandeza de Beethoven por sobre la debilidad, el esfuerzo de superación por
sobre la renuncia. La platea de 3 a 5 años lo sigue con toda atención y
entusiasmo. Algunos incluso, se relajan y entrecierran los párpados para
escuchar “El himno a la alegría” y luego vuelven a la historia. Al terminar la
función, no pueden evitar –junto a sus padres– acercarse a los pequeños títeres
para que les susurren sus secretos. ⧫
Opinión:
muy buena
➡
Beethoven
Libro, manipulación y dirección:
Gabriela Marges
Actriz: Marcela De Grande
Diseño y realización de
títeres, escenografía y vestuario: Pasha Kyslychko
Diseño de iluminación: Pasha Kyslychko
Video mapping y sonido: Esteban
Fernández
Selección musical: Gabriela Marges
Fotografía: Valeria Sigal
Asistente de dirección: Francisco Nani
Antoniassi
Prensa: Natalia Pace
OCTUBRE: DOMINGO 29, 17 H
Espacio Cultural Julián Centeya (Av. San Juan 3255)